Tal como comentaba, la magia en mi se fue apagando, y ahora sé que sucedió cuando me fui instalando en este mundo de las formas. Las formas me convencieron que nada se movía sin que uno lo hiciera, al menos era el mensaje que recibía por todos lados, y la verdad que de tener que lidiar con el día a día, el crecer, ir al colegio y acoplarme a la rutina de la vida, me acostumbre a ver el sol, la noche y las estrellas como cosa del día a día.
Así fueron pasando algunos años y la curiosidad inmensa de saber QUE ERA YO y de qué se trataba todo esto me llevó a la pregunta millonaria REALMENTE EXISTE DIOS?
Viviendo en el mundo de las formas por años NO recibí una sola respuesta que me llenara sobre Dios. Cada una pateaba con mas fuerza mi inteligencia y yo me iba hundiendo más y más en aquel problema existencial.
En realidad debo admitir que aunque bautizada en la religión católica, esta para mi no tenía ni pies ni cabeza. En serio que aunque hubiese seguido al pie de letra sus mandatos nada hubiera cambiado en mí. Creer en Dios era absurdo, o mejor dicho nada cambiaba en mí si lo decía, había algo más y no entendía que debía suceder para calmar esa intensa búsqueda.
Comencé a sentirme diferente, al menos ninguna de las personas que me rodeaban se hacían las mismas preguntas, creían en Dios y punto, cero bolas. Lo más grave era pensar que si existía Dios, él me mandaría al infierno por no creer en él. A veces sentía mucho miedo.
Por años lo saqué de mi mente, dejé aquel tema a un lado, pensar en ello era sentirme atrapada sin salida y eso generaba mucho estrés en mi.
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